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Disminución del veneno en Lachesis muta en cautividad

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Esta fantástica serpiente, también conocida según el país, como "Cuaima", "Shushupe", "Matabuey", o "Surucucú", es la serpiente venenosa más larga de América del Sur, pudiéndose encontrar ejemplares de 3m. y en algunas ocasiones hasta de 3,50 m. La más larga encontrada hasta hoy media 3,65 m.

Su hábitat es el bosque amazónico de clima selvático. Sus colores anaranjados, rosados, amarillos y marrones, su veneno (una potente neurotoxina) y el hecho que sus crías nazcan de un huevo, pues son ovíparas, hacen de esta cascabel muda, una serpiente que no podemos dejar pasar por alto. Es un animal con un aspecto atractivo, ya que a los colores anteriormente citados hay que unir un gran contraste con marcas romboidales oscuras, normalmente marrones o negras, que cruzan el dorso. Presenta también una lista oscura que se inicia en el ojo y termina en la mandíbula.

Hay dos subespecies: L. m. muta (Surucucú de la Amazonia) y L. m. rhombeata (Surucucú de la costa atlántica). Esta segunda subespecie, por la destrucción de las selvas del este de Sudamérica, está en grave peligro de extinción.

Se la conoce como Lachesis mutus o Lachesis muta, cascabel muda, (mutus del latín = mudo), pues agita la cola como una serpiente de cascabel, pero carece de él, lo que hace que ésta agite su cola rápidamente entre la hojarasca para producir un fuerte sonido similar al de un auténtico cascabel.

Se la puede encontrar en países como: Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú, Venezuela, Guyana, Guyana Francesa, Surinam, Brasil y en Isla Trinidad (en esta última suele habitar en los bosques montañosos).

Como ya se ha dicho antes, su veneno es neurotóxico. Por lo tanto, en caso de mordedura aplicaríamos un "Antilachésico" o un polivalente amplio que también sirve para Crotalus durissus, Agkistrodon bilineatus, Bothrops asper, godmani, lateralis, nasutum, nigroviridis, picadoi y Botriechis schlegelii (si me olvido alguno me tendréis que perdonar).

Este animal es muy estresable y no es fácil mantenerlo en cautividad, y mucho menos lograr que se reproduzca.

Pero lo curioso, es que los animales que son mantenidos en cautividad sufren una disminución de la toxicidad de su veneno habitualmente, si son ordeñados repetidamente. De aquí el fuerte diferencial existente entre la baja toxicidad de los ejemplares mantenidos en cautividad y los ejemplares salvajes. A esta explicación puede deberse la gran diferencia entre el porcentaje de mortalidad producido por ejemplares salvajes respecto a los de cautiverio.

Lo que hay que averiguar es el por qué disminuye su toxicidad en cautiverio y que es lo que provoca este hecho particular, cosa que sigue siendo un misterio.

No obstante hay que hacer especial hincapié en que no pierden todo su veneno, por lo que sigue siendo igualmente peligrosa en cautividad.

Texto por: Jaume Sabatés, Salvadori