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Información general sobre la reproducción de tortugas acuáticas. |
No hay nada más ilusionante a la hora de mantener animales en cautividad que alcanzar el reto de la reproducción con éxito. Podría decirse que es la culminación a todos los esfuerzos depositados en los animales, que de algún modo nos pagan todas nuestras preocupaciones por ellos, demostrándonos que hemos andado el camino correcto.
La reproducción de tortugas en cautividad puede ser muy sencilla en algunos casos, extremadamente complicada en otros. Entre las tortugas acuáticas en concreto encontramos algunas de las tortugas más prolíficas y fáciles de reproducir. En este artículo, sin embargo, no entraremos en diferencias concretas entre las diferentes especies, sino que las trataremos más bien de manera general, sin entrar en datos demasiado rebuscados. Recomendamos recurrir a la bibliografía especializada a la hora de buscar datos referentes a especies concretas.
Determinación del sexo
A la hora de emprender la aventura de la reproducción de quelonios, obviamente lo primero que tenemos que tener son ejemplares de ambos sexos, macho y hembra. Al menos uno de cada (aunque la mayoría de especies funcionan mejor si mantenemos harenes, con un macho junto a varias hembras, que se encargará de cubrir sin problemas). Existen multitud de reglas para sexar tortugas, algunas más o menos generales, y otras más encaminadas a especies en concreto.
Procederemos a continuación a exponer algunas de las más típicas:
- · Tamaño de los animales: las hembras son más grandes en algunas especies, mientras que en otras ocurre lo contrario. Lógicamente deberemos saber cuál es el caso de la especie en concreto que queramos criar. Regla válida solamente en ejemplares adultos, pues en individuos en crecimiento no tiene ningún sentido.
- · Longitud de las garras mucho mayor en machos que en hembras, sobretodo en las extremidades anteriores. Utilizadas durante el cortejo y el apareamiento. Típica señal de diferenciación en algunas de las especies más comunes en cautividad, como Trachemys.
- · Longitud de la cola, también mayor en machos, con la cloaca más alejada del cuerpo que en el caso de las hembras.
- · Forma del plastrón, que en los machos puede ser más o menos cóncava mientras que en las hembras es más bien recto, lo que permite facilitar el acoplamiento. Además, las placas alrededor de la cola pueden tener formas características del sexo.
- · Coloración: en algunas especies, como Terrapene, los machos son mucho más coloridos que las hembras, mucho más atractivos. Además, esta coloración puede variar a lo largo del año, siendo especialmente llamativa durante la época de reproducción.
El cortejo y el apareamiento
En los quelonios de agua dulce, la época de los amoríos suele corresponder a nuestra primavera (otoño en Sudamérica) y tiene lugar normalmente una sola vez al año, como máximo dos para algunas especies, aunque puede haber excepciones. En algunos casos será útil separar los sexos durante unas semanas, o someterlos a una breve brumación en estancias no caldeadas, reduciendo las horas de luz, la temperatura y la alimentación.
En muchas especies, la gran mayoría, el mantenimiento de los ejemplares reproductores al aire libre, en instalaciones exteriores adecuadamente preparadas, puede resultar muy beneficioso para lograr la reproducción. En nuestro país, al menos en gran parte de su geografía, es posible mantener durante los largos meses de verano y parte de la primavera y el otoño, a la gran mayoría de especies de tortugas acuáticas al aire libre, pues las temperaturas cálidas de las que disfrutamos lo hacen perfectamente posible. Las tortugas suelen ser más resistentes de lo que parecen a simple vista, y pueden soportar bastante bien temperaturas frescas. Algunas incluso pueden sobrevivir a la intemperie todo el año. Sin embargo, en otras especies esto es impensable, y por eso deberemos asegurarnos de saber cuáles son las necesidades concretas de la especie que nosotros queremos reproducir para no cometer ningún error, que puede desembocar en graves daños a los animales por mantenerlo a la intemperie en condiciones climatológicas inadecuadas.
Por supuesto, todo aquel ejemplar que deseemos dedicar a la reproducción deberá estar perfectamente sano y deberá haber recibido una alimentación adecuada. No podemos plantearnos empezar a criar con animales con carencias alimenticias o que tengan algún problema de salud. Es interesante someter a los animales a controles veterinarios regulares, y en casa podemos proceder a anotar regularmente cuestiones como el peso para comprobar que el crecimiento de los animales es el correcto, que están en buenas condiciones y que podemos destinarlos a la reproducción.
Aunque pueda parecer extraño, las tortugas no siempre se aceptan entre sí a la hora de procrear. Algunos ejemplares parecen no gustarse y nunca acaban dando el gran paso. Esto no es lo normal, pero sí pasa a veces, aunque se haya hecho todo lo correcto a la hora de encarar los animales hacia la reproducción. Por eso, el que unos ejemplares concretos no se apareen no quiere decir necesariamente que nosotros estemos haciendo algo mal, ni mucho menos.
Los machos, a veces, someten a sus hembras a largos cortejos. El ritual de apareamiento se realiza, en muchas especies, de manera más bien brutal: el macho, en efecto, es extremadamente impetuoso, y a menudo causa heridas por mordeduras en el cuello y abrasiones en el espaldar de la hembra. Algunas especies, en cambio, llevan a cabo rituales “amorosos” muy espectaculares y de gran belleza, sin la más mínima aportación de violencia. Es el caso de Kachuga o Pseudemys.
Los apareamientos suelen tener lugar durante la noche o durante las primeras horas de la mañana, aunque esto es muy variable según las especies.
Los huevos
Los quelonios son todos ovíparos (ponen huevos). No hay ninguno vivíparo.
La mayor parte de las especies acuáticas tropicales, que suelen ser las más frecuentemente mantenidas en nuestros hogares, ponen entre los meses de noviembre y febrero. La producción de los huevos suele ocurrir al cabo de algunas semanas (entre tres y nueve) tras el apareamiento, y le sigue la deposición de un número variable de huevos. En algunas especies se pone un único y gran huevo y en otras el número puede ser realmente importante. Estos huevos normalmente tienen una forma elíptica con los polos más o menos achatados, o son de forma esférica. El color suele ser blanco o crudo.
Una particularidad de las hembras de estos reptiles, que generalmente doblan en la edad adulta el tamaño de los machos, es que una vez alcanzada la madurez sexual producen huevos incluso sin la "presencia directa" de machos: después del apareamiento pueden mantener con vida los espermatozoides en pliegues mucosos de la cloaca o del oviducto durante meses o años, y por tanto los huevos pueden resultar fértiles en las siguientes estaciones sin que tengan lugar nuevos apareamientos (fecundación retardada).
Los huevos de las tortugas no poseen la chalaza (espesamiento del albumen, presente en los huevos de las aves, que mantiene la yema suspendida), sino sólo un albumen en parte líquido y en parte gelatinoso, más bien abundante y que cumple la función de reserva de agua, de acción antibacteriana y de apoyo de la yema. La cáscara está constituida por una membrana fibrosa interna y una cáscara calcárea externa de aragonito (cristales de carbonato de calcio), con consistencia rígida o blanda que, además de realizar una acción protectora, aporta calcio al embrión en crecimiento y favorece el intercambio de oxígeno y absorción de agua.
La puesta
Las hembras ponen los huevos en la tierra (también los que no son fértiles) después de excavar una fosa con dimensiones y profundidad variables. En los terrarios que alojan a hembras grávidas, por tanto, será necesario disponer de un lugar adecuado para la puesta, por ejemplo, un contenedor provisto de un fácil acceso por una pared lateral y lleno de mantillo, turba y arena. Las hembras que quieren poner muestran un comportamiento muy activo: salen del agua y deambulan por la parte terrestre de la instalación en la que son mantenidas, trepan por cualquier elemento que encuentren a su paso y parecen permanentemente nerviosas. Pueden pasarse días en este estado, hasta que empiezan a excavar buscando el mejor lugar para depositar sus preciados huevos. Si el recipiente de la puesta es adecuado, nuestras hembras seguramente realizarán la puesta en él. Deberemos estar pendientes en todo momento de esto, porque a pesar de que introduzcamos en el recinto un recipiente de puesta adecuado, puede ser que la hembra no ponga sus huevos en él, sino que los deposite en cualquier otro sitio, incluso en el agua. Si es así, deberemos actuar con celeridad para evitar que se estropeen y retirarlos.
A la hora de la puesta, las hembras excavan con un movimiento alterno de las extremidades posteriores, generalmente por la mañana o por la tarde (algunas incluso de noche), y en libertad a menudo después de llover, cuando el terreno es más manejable. Suelen elegir una zona dirigida hacia el sur, con una ligera pendiente (para evitar peligrosos estancamientos de agua en el nido) y con mucho sol. Las puestas, influidas también por las fases lunares, son más frecuentes poco antes de la luna llena o al inicio de la fase de la luna menguante.
La preparación del nido puede durar también muchas horas, y la hembra puede interrumpir varias veces la excavación para reiniciarla luego en otros lugares, sobre todo si se la molesta, lo cual puede entenderse como una medida de seguridad para con los huevos.
Cuando se acaba la puesta, el reptil tapa el agujero, aplana el terreno y lo cubre con materiales vegetales, y lo hace con tanto cuidado que, a veces, hasta el criador más experto puede tener dificultades en reconocer la ubicación exacta del nido. Por esta razón, tanto para facilitar al animal la búsqueda de un lugar adecuado en el que poner los huevos, como para hacer más fácil la recolección de estos para la incubación (práctica totalmente recomendable para obtener altos índices de eclosión), es aconsejable preparar con tiempo un pequeño montículo de mantillo poco prensado y sin obstáculos en una zona expuesta al sur, si es que el recinto está en el exterior. Estas dificultades se reducen en terrarios interiores, donde todo está mucho más controlado.
En pequeños grupos de tortugas de la misma especie que ya se han reproducido, algunos terrariófilos han detectado la dispersión de huevos en el terreno, que han resultado no estar fecundados. Así pues, en los supuestos períodos de puesta (aproximadamente un mes después del apareamiento, después de unas lluvias y justo después de la luna llena) habrá que supervisar con frecuencia los posibles lugares de puesta. Además, algunas especies pueden poner huevos aún sin haber tenido encuentros con ejemplares del sexo opuesto. Obviamente, dichos huevos no estarán fecundados y no nacerán tortuguitas de ellos. Es el caso de las especies del género Terrapene, que a partir de los cinco años pueden empezar a poner huevos infértiles.
La incubación
Después de remover el sustrato que cubre los huevos, hay que recogerlos con sumo cuidado y colocarlos medio enterrados, dejando un determinado espacio entre uno y otro, en un contenedor de plástico con tapa, que previamente habremos rellenado con algún sustrato adecuado. Vermiculita, perlita, arena mantillo y turba esterilizados pueden ser utilizados. El usar uno u otro depende más que nada de los gustos del criador, aunque obviamente no todos son igual de recomendables para todas las especies. La mayoría de los aficionados suelen decantarse por vermiculita o perlita, por lo que nos centraremos en ellos en este artículo. Para preparar el sustrato para dedicarlo a la incubación deberemos mezclar el mismo peso de sustrato que de agua. De este modo, el sustrato quedará húmedo, pero no mojado.
El sustrato no puede estar encharcado, porque de ser así provocaremos la asfixia de los embriones (razón por la que, de ser depositados en el agua, los huevos deben sacarse de ella con la mayor celeridad posible). Incluso aunque los embriones sobrevivieran a unas condiciones de incubación con humedad demasiado alta, podrían aparecer malformaciones. Para comprobar que nos hemos pasado a la hora de añadir el agua, cogeremos el sustrato ya preparado y lo apretaremos en la mano. Si chorrea agua, hemos añadido demasiada agua. Tampoco podemos consentir que el sustrato se seque en demasía durante el proceso de incubación. Para evitarlo, podemos añadir algo de agua en los bordes del recipiente, sin tocar nunca los huevos directamente con el agua, con una jeringuilla.
Cuando los coloquemos en el recipiente de incubación, no hay que cubrir completamente los huevos, sobre todo si los contenedores son oscuros y no dejan pasar la luz. Dichos contenedores deben tener agujeros (no muchos), y preferentemente estos serán practicados en los laterales, para evitar la caída de gotitas de agua sobre los huevos, posibilidad no demasiado frecuente pero posible si los agujeros se encuentran en la tapa del contenedor.
A continuación hay que colocar las cajas con los huevos en una incubadora previamente preparada. Es conveniente colocar una única nidada en cada contenedor: no mezclar los huevos de diferentes especies. Eso sí, en la incubadora podemos incubar a la vez huevos de diferentes especies, siempre en contenedores distintos.
Es importantísimo recordar que cualquier pequeño giro puede dar al traste con el huevo, pues provocan la muerte del embrión. Por eso deberíamos tener sumo cuidado al manejar los huevos y colocarlos en el recipiente de incubación en la misma posición que fue depositado. Será útil marcar con un lápiz suave la parte superior del huevo para ello. Sin embargo, esto no parece afectar a todas las especies por igual. Para no correr riesgos, quizás lo mejor sería no jugárnosla y tratar todos los huevos con el máximo cuidado en todo momento.
La temperatura ideal para la incubación de los huevos se encuentra entre 25 - 30º C de día y 24 - 28º C de noche. Muchos aficionados prefieren mantener la temperatura constante a lo largo de la incubación, sin diferencias térmicas día-noche. La humedad idónea es del 70%. Como ya hemos dicho anteriormente a lo largo de todo el artículo, cada especie puede tener unas necesidades distintas en este aspecto. La temperatura de incubación es totalmente determinante a la hora de decidir el sexo de las tortuguitas. Si estas son altas, tenderán a nacer más hembras, incluso a formar el 100% de la puesta. En otros reptiles ocurre al contrario, como es el caso de los cocodrilos. A esto se le llama DSDT (determinación sexual dependiente de la temperatura).
El tiempo de incubación de los huevos es muy variable según las especies y también depende mucho de las condiciones en que estos sean incubados, especialmente en lo referente a la temperatura. Las altas temperaturas (32º C o más), pueden acelerar en demasía la rapidez del proceso y las tortuguitas pueden morir dentro del huevo, ya sea porque no pueden acabar de formarse o porque no pueden salir del huevo. En cambio, temperaturas bajas, incluso por debajo de 20º C, parece ser que no afectan negativamente en la mayoría de los casos, y las tortugas suelen nacer sanas y fuertes. Como media, a unas temperaturas “normales”, los huevos tardan unos tres meses en salir, aproximadamente, aunque algunas especies pueden llegar a superar los seis.
La incubadora
Quizás la mejor opción sería elegir una incubadora comercial, cuyo acabado suele ser excelente y no suelen dar ningún tipo de problemas. Su pega es que suelen ser bastante caras.
Junto a las incubadoras industriales encontramos las caseras, fabricadas por nosotros mismos. Éstas se pueden realizar utilizando cajas de poliestireno (fácil de conseguir en las pastelerías y tiendas de acuariofilia), de plástico o de vidrio, e instalando un sistema de calefacción con esterillas o cables calefactores con termostatos y temporizadores, o bien con un calentador de acuario colocado dentro de un recipiente con agua ubicado debajo de los contenedores con los huevos.
Muchos aficionados han inventado diversas soluciones para el drenaje del agua de la condensación que se forma en el interior, poniendo oblicuamente placas de metacrilato ó de plástico, o abriendo parcialmente la tapa de la incubadora.
Quien tenga muchas tortugas, en cambio, puede utilizar como incubadora armarios pequeños de plástico o neveras viejas, naturalmente adoptando las modificaciones necesarias. La imaginación es nuestro mejor aliado en este aspecto.
Durante la construcción de una incubadora es importante tener siempre presente que las tortugas que viven en libertad, ya sean especies terrestres o palustres, ponen los huevos en los agujeros que quedan cubiertos con tierra, donde no hay luz y pasa poco aire. Por tanto, es mejor utilizar materiales que no dejen pasar la luz (las cajas de plástico transparentes se pueden cubrir externamente con cartón oscuro), pero no es necesario agujerear el contenedor de huevos; al contrario: basta con abrirlo de vez en cuando para supervisar el proceso. Sin embargo, después de muchos años ha quedado demostrado que esto no es realmente determinante para el devenir de los huevos.
Control de los huevos
Los huevos pueden cambiar de color a medida que pasa el tiempo, tener pequeñas grietas o quedar cubiertos de moho, condiciones que, sin embargo, no significan automáticamente que los embriones estén muertos o que los huevos no hayan sido fecundados: el moho tendrá que ser eliminado con cuidado, por ejemplo con un cepillo de dientes blando, y habrá que vigilar los huevos con mayor frecuencia. Lo que no debemos hacer es tirar los huevos hasta que no estemos seguros de que son totalmente inviables.
Muchos criadores, para comprobar la fertilidad efectúan el “método del trasluz”: iluminan la base del huevo con una fuente de luz intensa después de colocarlo delicadamente en el fondo agujereado y ligeramente cóncavo de una caja. Si el huevo es fértil, 7-10 días después de la puesta se verá, a contraluz, una red de vasos sanguíneos que aumentará al cabo de pocos días, y en un segundo momento, en cualquier caso, se llegará a distinguir la silueta de la cría. Esta prueba resulta la mayoría de las veces muy difícil y su interpretación puede ser errónea. Por esta razón, muchos autores aconsejan que no se utilice para evitar también el riesgo de romper los huevos. Si algún huevo parece no ser fértil, antes de eliminarlo definitivamente se puede colocar en otro contenedor y dejarlo incubar durante unos días más, separado de los considerados fértiles para evitar posibles contaminaciones bacterianas o fúngicas.
A pesar de todo lo dicho, algunos huevos de tortuga parece que llegan a buen puerto incluso a pesar de incubaciones accidentadas, en condiciones deplorables y totalmente faltas de control (lo que no quiere decir que sea una buena costumbre llevar una incubación en dichas condiciones). Como curiosidad, podemos nombrar el caso de una matamata (Chelus fimbriatus) que fue hallada en un simple cajón en el acuario de Berlín, durante la II Guerra Mundial. Resulta que la puesta fue depositada allí y olvidada, y meses después, cuando alguien volvió a abrir el cajón, halló a la pequeña tortuguita sana y perfectamente formada.
Incubación en el lugar de la puesta
Algunos aficionados prefieren olvidarse de controles, manipulaciones y demás aspectos que incluye la incubación controlada en incubadora, y prefieren dejar los huevos en el terrario o la instalación exterior donde fueron depositados. Aficionados alemanes que siguen este método afirman que el porcentaje de éxito siguiendo este método se aproxima mucho al 100%. Para ello, simplemente protegen en lugar donde se realizó la puesta con alguna malla para impedir que los huevos puedan ser aplastados o desenterrados y se desentienden de ellos. Puede ser buena idea proteger de la lluvia dicho lugar si se trata de una instalación exterior, para lo que procederemos a su techado.
Este método, por mucho que tenga sus defensores, parece demasiado arriesgado y, aunque pueda parecer más cómodo, no parece tan adecuado como el método de incubación controlada en incubadora, y desde luego parece mucho menos seguro.
Mantenimiento de las crías
Las tortugas abrirán el huevo gracias a una pequeña formación en su hocico conocida coloquialmente como “diente de huevo”, que les permite rasgar la cáscara y salir al exterior. Este diente de huevo no durará mucho, y al cabo de un rato, caerá, para no volver a regenerarse. Sin embargo, las tortugas pueden pasarse mucho tiempo a medio salir del cascarón, incluso varios días. Lo mejor sería que no interfiriésemos en el proceso de nacimiento. Es complicado de aguantar, pero lo mejor es tomarse las cosas con calma y dar tiempo a la tortuguita a que dé su primer paso en el mundo sola.
Cuando por fin salga completamente del huevo en que ha pasado tantas semanas, podemos proceder a examinar al recién nacido. Para el que nunca haya visto una tortuga acabada de salir del huevo, puede resultar curiosa la presencia de una pequeña bolsita en el plastrón. Dicha bolsita es el llamado saco vitelino, que contiene alimento para que la pequeña tortuguita pueda nutrirse los primeros días de su existencia. Algunas tortugas pueden eclosionar aún con gran parte del saco vitelino por absorber, pero manteniéndolas en un recipiente húmedo unos días, lo absorberán sin problemas. Nunca hay que intentar arrancar el saco vitelino, ni aplastarlo, o podemos causar al animal un daño irreparable. Es más, es recomendable no tocar demasiado a las tortuguitas los primeros días de vida y mantenerlas a todas en recipientes con sustrato húmedo (papel de cocina, musgo) o con agua, siempre con una zona terrestre fácilmente accesible. Una vez absorbido el saco vitelino sólo quedará una pequeña cicatriz, que con el paso del tiempo desaparecerá por completo sin que tengamos que hacer nada. Es muy importante que la limpieza en estos recipientes sea totalmente escrupulosa, para evitar infecciones.
Una vez han pasado los primeros días, las tortuguitas pueden pasarse a tanque más grandes, prácticamente idénticos a los utilizados para mantener a los progenitores. Podemos mantener a las tortugas pequeñas en recipientes con una columna de agua considerable, pero siempre deberemos instalar elementos que permitan la creación de puntos de aguas someras, para que puedan descansar cuando lo requieran. Una zona terrestre completamente seca y unos buenos elementos calefactores y de iluminación serán imprescindibles. Importantísima es la instalación de lámparas que emitan radiaciones UV, por las razones por todos conocidas.
Las tortuguitas no comerán nada los primeros días de su existencia. Se limitarán a absorber los restos del saco vitelino, lo que les dará fuerzas para sobrevivir en ese momento. Una vez este sea absorbido en su totalidad, podremos empezar a alimentarlas. Podemos probar con cualquier alimento que se nos ocurra, pero dando especial prevalencia a aquellos que sepamos que son especialmente nutritivos. Además, de los típicos piensos, podemos utilizar insectos (suelen adorar las larvas de polilla de la miel (Galleria mellonella), así como las lombrices). Podemos utilizar también grillos, pinkies, trocitos de carne magra o pescado, tebos y larvas de mosquito. No es recomendable utilizar larvas de mosca (asticot) o tenebrios, ya que son peligrosos para las jóvenes tortugas. Estos alimentos pueden ofrecerse enteros, pero es preferible trocearlos finamente para evitar peleas.
Una vez las tortuguitas empiecen a comer podremos decir que la labor como criadores ha tenido un completo éxito y podremos sentirnos orgullosos de ello. No hay que olvidar que muchas de las especies de tortugas que mantenemos en cautividad cuentan con unas poblaciones cada vez más escasas en libertad, y por eso su cría en cautividad no hace más que favorecer a la especie.
Nota sobre especies “plaga”
En España es común el mantenimiento en cautividad de muchas especies alóctonas de tortugas acuáticas que pueden asilvestrarse perfectamente en caso de fuga o suelta intencionada. Algunas de estas especies, como muchos representantes del género Trachemys, Pseudemys o Pelodiscus cuentan ya con poblaciones viables reproductivamente hablando en diversos puntos de nuestra geografía, pues en el pasado (y algunas aún en la actualidad), fueron importadas en condiciones masivas para venderlas como mascotas, y muchas veces acabaron en manos irresponsables.
Suele tratarse de especies muy frecuentes que, en el caso de ser reproducidas, tienen difícil salida en el mercado. Es recomendable, desde el punto de vista ético, no intentar reproducir estas especies si no tenemos la total seguridad de poder colocar luego las crías a aficionados responsables que no vayan a soltar las tortugas en la naturaleza, cosa que es muy frecuente cuando estas alcanzan una talla demasiado grande como para vivir en la típica “tortuguera con palmerita”.
Aunque pueda parecer extraño, haremos un favor a la naturaleza no reproduciendo estas especies, que en muchos lugares son consideradas como una auténtica plaga y constituyen un auténtico problema para la fauna autóctona, incluyendo poblaciones de anfibios y tortugas palustres europeas, a las cuales desplazan.
Bibliografía
- · BROTÓNS CAMPILLO, N. (2007). Las tortugas como animales de compañía. Consulta de Difusión Veterinaria, Castellón.
- · MÜHLLER, G. (1993). Tortugas terrestres y acuáticas en el terrario. Omega, Barcelona.
- · PATTERSON, J. (1998). Tortugas acuáticas americanas. Hispano Europea, Barcelona.
- · HIGHFIELD, A.C. (1996). Practical encyclopedia of keeping and breeding tortoises and freshwater turtles. Carapace Press, London.
- · KÖHLER, G. (2005). Incubation on reptile eggs. Krieger Publishing Company, Florida.
Texto por: Jesús Mendoza, Khayman
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